Donde una loca escribe.


jueves, 8 de junio de 2017

Hola a no comunicarnos

El tiempo es determinante ante todo en esta existencia, antes todo lo que existe, lo que es nuestra realidad, ya sea palpable o no lo sea; jamás tendremos la certeza de lo que es real, si tú o yo existimos, si nuestras acciones son correctas, si violamos las leyes de nuestra cultura, pero que es más importante… ¿Las reglas de nuestra cultura o lo que sentimos? ¿Es acaso mejor ser sínicos? No sé porque la gente reniega de las emociones y de sus verdaderos sentimientos para quedar bien con todos, me parece insensato, pues son sólo patrones que siguen por costumbre. Nunca tienen el valor de cuestionarlos y hacer lo que realmente es correcto, siempre prevale el cómo son vistos… se supone que la honestidad es un valor de valor incalculable, pero si realmente todos fuéramos honestos el mundo ardería en llamas ¿qué se remedia entones si la verdad no arde?

La poca honestidad conlleva a no enfrentar los problemas, a no decir ni en el momento más remoto de la necesidad lo que sufrimos, somos y cargamos, porque si no somos honesto no comunicamos, porque si no comunicamos mentimos y si mentimos, si nos acostumbramos a la mendacidad y vivimos y comemos de ella cada día de nuestras vidas insignificantes sólo creamos lo mismo, seres no empáticos, todo para no ser vulnerables, porque el pez más grande se come al otro, al que puede y muestra debilidad, porque hoy no hay manos solidarias para apoyar y yo no soy más que el disgusto de la poca integridad social. Como especie no somos familia, somos enemigos y eso arde en la guerra social, más que lo que somos, más que lo sentimos, más de lo que esperamos de los hermanos, arde el deseo por ser el más fuerte y si te caes mueres o te mato.

Estamos solos.

Después de tanto andar y que lleguen por alguna cruz o estrella divina los días y el pasar de los años, de estrellas de cantos y de momentáneas alegrías, cuando al final de la desesperación se descubre un apoyo la cultura agrede tan sólo por no seguir a sus propios patrones, tan sólo por no indagar en la autocrítica. Todo ente extraño puede ser mancillado excepto de donde nacimos y quienes nos criaron, excepto el fascismo de la nuestra natal cultura.

Y eso somos, sólo el estropajo que nos permite ser hasta donde criticamos nuestra cultura.

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